El tomate, uno de los productos estrella más infravalorados de nuestra gastronomía

Tenemos la manía de criticar, en muchas ocasiones, todo lo que tiene que ver con nuestro país. Decimos que España es un despelote, que nada de lo que aquí se hace es serio y que cualquier país que tenga un mínimo de organización en un determinado aspecto tiene todas las garantías de ser mejor que nosotros en lo que respecta a ese ámbito. La crítica, en muchas ocasiones, no es constructiva. Sabemos que en nuestro país hay muchas cosas que fallan, pero hay que poner en valor también las que se hacen bien. Y en este artículo vamos a hablar de una de ellas.

La verdad es que lo que tiene que ver con la gastronomía somos una verdadera potencia en lo que respecta a nuestro país. Es uno de los asuntos por los que somos mundialmente conocidos. Y no solo por los platos elaborados como lo puedan ser la paella, las gachas o algo por el estilo, sino por las materias primas que se siembran y se recogen en nuestros campos. Eso es algo que tenemos que destacar y que a menudo se nos olvida. Y es que tenemos la manía de no poner en valor lo bueno que tenemos.

Los productos de nuestra tierra española son realmente de la mejor calidad. Fijaos en el jamón, mundialmente conocido. O en el vino, que nace de la uva que se siembra en muchas cosechas de diferentes zonas de nuestro país. En este artículo nos vamos a centrar en otra de nuestras grandes referencias, el tomate, que se ha ganado la condición de producto estrella de la gastronomía española por derecho propio. Y vamos a comentaos un par de cuestiones que nos valen como argumento para defender esta teoría.

  • Una noticia que fue publicada en el portal web Revista Mercados indicaba que el tomate de nuestro país tiene una ventaja competitiva con respecto al de otros países porque la agricultura ecológica ha calado mucho más hondo aquí que en otros sitios, además de destacar otros aspectos como lo son la alta especialización de los productores, la gran confianza que despiertan los mismos entre los consumidores extranjeros o la enorme superficie de los campos en los que se siembra este tipo de producto en nuestro país.
  • Fijémonos en los volúmenes de producción que está registrando un país como el nuestro. Hemos querido acudir, para comprobarlo, a un portal web especializado en este tipo de estadísticas, como lo es Statista. Según él, la producción de tomates solo en Andalucía (la mayor productora de tomate en España) es de 1.978.000 toneladas, seguida de cerca por Extremadura, con 1.918.000 toneladas. Son datos que ponen la piel de gallina y que dejan claro que nuestro país no solo es una referencia en lo que respecta a la calidad, sino también a la cantidad de tomates que se generan.

El tomate se ha ganado, por derecho propio, un sitio preferente en lo que respecta a productos estrella de la gastronomía española. Y no solo por el volumen de producción, que es ingente, sino por la apuesta reiterada que hacen los españoles en el consumo de este producto. Los profesionales de una entidad como lo es Hida, dedicada a la producción de tomate frito, nos han comentado que el volumen de clientes de los que disponen no ha parado de crecer desde hace bastantes años y que esa es la mejor muestra para defender una confianza ciega de los consumidores en el tomate español, que vive una especie de Edad de Oro en la actualidad.

Un complemento ideal… para todo

El secreto del tomate reside en que, en cualquiera de sus formas, es un complemento ideal para todo. ¿Que deseamos hacer una ensalada? Pues metemos la cantidad de tomate natural que deseemos. ¿Que queremos hacer unos macarrones? Pues la apuesta ideal es incluirles tomate frito. Desde luego, estos son solo dos ejemplos de una larga, casi infinita, lista de cosas que pueden elaborarse teniendo a mano un producto tan importante, tan necesario y a la vez a tan nuestro como lo es el tomate.

Hay que poner en valor todo lo que, como sociedad, nos hace más fuertes. Y una de esas cosas no es otra que la agricultura o la ganadería, que son dos de nuestros puntos más fuertes en lo que respecta al mercado competitivo alimentario. Las críticas que no sean constructivas no solo no suman, sino que, además, restan. Y mucho. Y desgastan a todas aquellas personas que intervienen en ellas. Por eso tenemos que ser inteligentes y criticar solo si podemos mejorar algo, pero no hacerlo de manera deliberada y por el simple hecho de que quien lleva a cabo ese tipo de proyectos es mi enemigo. Solo de esta manera conseguiremos una sociedad mejor, más justa y más competitiva.  

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